jueves, 15 de junio de 2006

Empleado vs. empleador...

Se ha convertido ya en un clásico. La disputa entre la posición del empleado y el empleador es quizás uno de los mejores conflictos para ejemplificar la problemática que nos afecta en todos los casos de la vida cotidiana en la que el poder se encuentre envuelto. Y dado en que el simbolismo más simple también incluye una cantidad a veces increíble de poderío, estas situaciones son mucho más que frecuentes.

¿Cómo se puede discernir entre dos posiciones, cuando ambas tienen argumentos tan fuertes a favor? Es cierto, depende la lupa con la que se mire el tema, y depende hasta de las orientaciones ideológicas de quien lo mire.

El empleado representa casi a cualquier persona que se encuentre bajo algún tipo de opresión, ya sea económica, social o del tipo que se les ocurra. Es el pueblo, es la rebelión, es la masa. Es la capacidad de trabajo, la fuerza de voluntad y también (y sobre todo por eso) lo más cercano a la mayoría de nosotros, oh, simples mortales.

El empleador representa al poderoso, al que tiene todo y quiere más. Al que impone condiciones, coherentes o no, para desarrollar tareas o métodos de trabajo. Es el que ha llegado más alto, aunque no sea ello una remuneración por su capacidad pura. Es la marca registrada de un capitalismo industrialista que ha causado estragos, sobre todo en el último siglo, en todo el mundo.

Estas generalizaciones son vagas, crudas y a veces completamente injustas. Pero resumen en pocas palabras a un gran porcentaje de las discusiones que se llevan a cabo en cuanto al poder. Cambiando los actores, cambiando alguna situación, o simplemente cambiando los nombres, se puede adaptar este ejemplo a miles de casos del día a día de cada uno de nosotros que, con más o menos suerte, iremos sorteando a medida que Dios, la vida, el destino o en lo que usted quiera creer, quiera.

¿Se entiende?

Dedicado para vos Fer, empleado del alma y analista del mundo por vocación. IDOLO!

2 comentarios:

Fernando dijo...

El empleador se caracteriza, dada nuestra cultura en la que es muy difícil llegar a su lugar tan alto y mucho más mantenerse allí, por tener una constitución psíquica de psicopatía. Muchos dirán, leyendo esta primer oración, que pretendo criticar sin fundamentos el sistema laboral por alguna experiencia personal desfavorable. Les respondo: no es así, en todo caso me he propuesto analizar el tema justamente por ver hasta el cansancio situaciones desfavorables en otras personas en las que casi siempre está involucrado su jefe, patrón, hijo de puta, soberbio, o simple empleador en el mejor de los casos.
¿Por qué un psicópata?
La psicopatía se caracteriza principalmente por la incapacidad de hacer brotar plenamente las emociones propias y una gran habilidad para manejar las emociones ajenas. En el primer caso estaríamos hablando de una persona que tiene el sistema límbico del cerebro practicamente nulo, es decir, no se activan las neuronas de esta región cerebral encargada del manejo de emociones. Y en el segundo caso tenemos a una persona seductora, por así decir, una persona que atrae, que es cordial y servicial y que, por estas razones, se maneja con total desenvolvimiento en sus relaciones interpersonales. Esto a diferencia del psicótico que tiene una clara incapacidad, a causa de otro problema en el cerebro como alucinaciones, comportamientos repetitivos, etc.. que condicionan su vida y no le permiten el manejo fluido que tiene psicópata.
Este es el punto que quiero destacar, como introducción, las características mentales de un líder de grupo en pequeñas escalas, de un jefe en una escala un poco mayor, de un político en una escala mucho mayor y devastadora, y finalmente el asesino, el psicópata del cual la sociedad habla sin tapujos y que por eso es el único que se conoce como tal, a causa de que su comportamiento es muy diferente al nuestro y que gracias a eso no nos compromete en absoluto: "el es un asesino y yo no".
Bueno, estas son las caracterísiticas mentales de una persona con gran potencial para ser un líder. Pero claro, sin ser un asesino directo con revolver en mano, se convierte en un asesino sutil capáz de provocar grandes daños a sus subordinados.

Ale dijo...

La visión de psicópata se entiende. Pero los empleadores no son necesariamente enfermos mentales. Sé que no es esto a lo que hiciste alusión, pero me es imposible evitar dar vueltas en esta idea, que tan comunmente veo reflejada en opiniones.

La presión a la que está sometido un superior, para no redundar en palabras iguales (o sea, por mera formalidad literaria, al fin y al cabo), es inmensa. Cuanto más grande es el puesto, más responsabilidades de manejar a la perfección a un grupo de personas hay. Y aquí es donde entra el dilema: ¿cómo manejar de manera sistemática a un grupo de personas? Los seres humanos son inexactos, impredecibles, imperfectos. Y por esa razón, las medidas tomadas para tratar de encarrilar un comportamiento o una conducta de trabajo son cada vez mayores y más exigentes.

¿Tiene derecho un mandamás a controlar a puntos extremos a su tripulación? En mi opinión, si la conducto de sus subordinados afecta la calidad del trabajo realizado, del cual depende la cabeza del que dirige, si. La vida privada es intocable, no lo niego ni lo discuto. Pero que durante el horario laboral, y por más que suene crudo decirlo de esta manera, los empleados son meros objetos de mercado, también es indefectiblemente cierto.

Guste o no, nuestro sistema económico actual así lo rige, y hay que atenerse a sus reglas, siempre y cuando no afecten a la dignidad humana del trabajador. Mientras nos mantengamos en límites éticos y humanos, no debería haber conflictos.