sábado, 22 de julio de 2006

Volviendo al ruedo...

Las vacaciones están a pleno para algunos, pero no para todos. En la tele veo las terminales y los aeropuertos llenos, de pasajeros que planifican sus descansos o lloran sus recesos ya terminados. Y yo, acá. No puedo decir estudiando, sería un despropósito, ya que en este momento estoy sentado frente a la PC descargando ideas que se acumulan rápidamente en mi cabeza.

Julio está en su segunda mitad ya. Más cerca del final que del principio. Y otro mes pasa volando, en este año que (como todos) pasan al galope, casi sin que nos demos cuenta. En este vertiginoso régimen de cursados y rendidas, las horas previas a un examen final se hacen, paradójicamente, eternas. Ese libro, esos párrafos, esas letras se convierten misteriosamente en jeroglíficos que en otras ocasiones y bajo otras circunstancias hubiésemos leído hasta con gusto.

¿Qué pasó, entonces? La obligación de una fecha límite, la presión de tener que sacar una nota determinada. El promedio, las correlatividades. La distancia de casa, la ansiedad de mis viejos, esperando la noticia, esperando lo que yo no veo las horas de conseguir: ese hermoso "aprobado". Pero yo estoy al tanto de lo que va pasando, sé cuanto estudié y cuanto no. Sé cómo me fué y si me alcanza o no para esperar algo de esa nota.

Todo esto se conjuga y nos juega trucos. Nos pone nerviosos, ansiosos, nos dá vueltas en la cabeza, nos recrimina cada minuto que no estudiamos, y nos premia por cada tema que entendimos, y que podemos dar como aprendido. Si la materia tiende a ser una ciencia exacta, los ejercicios y la práctica nos van a tener como locos. Si estamos yendo hacia las ciencias sociales, la lectura hasta el hartazgo, el comprender una reflexión de alguien que ni vamos a conocer, pero que debemos hacerlo. Ironías de la vida universitaria, del día a día estudiantil.

¿Sobreviviré?

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