Las vacaciones están a pleno para algunos, pero no para todos. En la tele veo las terminales y los aeropuertos llenos, de pasajeros que planifican sus descansos o lloran sus recesos ya terminados. Y yo, acá. No puedo decir estudiando, sería un despropósito, ya que en este momento estoy sentado frente a la PC descargando ideas que se acumulan rápidamente en mi cabeza.
Julio está en su segunda mitad ya. Más cerca del final que del principio. Y otro mes pasa volando, en este año que (como todos) pasan al galope, casi sin que nos demos cuenta. En este vertiginoso régimen de cursados y rendidas, las horas previas a un examen final se hacen, paradójicamente, eternas. Ese libro, esos párrafos, esas letras se convierten misteriosamente en jeroglíficos que en otras ocasiones y bajo otras circunstancias hubiésemos leído hasta con gusto.
¿Qué pasó, entonces? La obligación de una fecha límite, la presión de tener que sacar una nota determinada. El promedio, las correlatividades. La distancia de casa, la ansiedad de mis viejos, esperando la noticia, esperando lo que yo no veo las horas de conseguir: ese hermoso "aprobado". Pero yo estoy al tanto de lo que va pasando, sé cuanto estudié y cuanto no. Sé cómo me fué y si me alcanza o no para esperar algo de esa nota.
Todo esto se conjuga y nos juega trucos. Nos pone nerviosos, ansiosos, nos dá vueltas en la cabeza, nos recrimina cada minuto que no estudiamos, y nos premia por cada tema que entendimos, y que podemos dar como aprendido. Si la materia tiende a ser una ciencia exacta, los ejercicios y la práctica nos van a tener como locos. Si estamos yendo hacia las ciencias sociales, la lectura hasta el hartazgo, el comprender una reflexión de alguien que ni vamos a conocer, pero que debemos hacerlo. Ironías de la vida universitaria, del día a día estudiantil.
¿Sobreviviré?
Los delirios de grandeza ya son marca registrada de toda la humanidad. Acá hay algunos que no tienen ninguna intención de llegar a ningún lado. Simplemente quedar en algún lugar.
sábado, 22 de julio de 2006
viernes, 21 de julio de 2006
Día del recuerdo...
Ayer fué el Día del Amigo. Ese día en el que todos se acuerdan hasta de los conocidos más remotos, y les mandan un ¿emotivo? mensaje de correo electrócino, un SMS y en contados casos, una llamada telefónica. Saludamos hasta a los familiares, y volvemos a tomar contacto con algunos de esos seres que ya no vemos ni hablamos hace tiempo. También sirve para rearmar el concepto de amistad, ya que vuelan cadenas y mensajes y frases que tratan de replantear y hacernos recordar todo lo que significa un amigo: llantos, alegrías, momentos juntos, experiencias de vida... ¿pero es necesario todo eso para que realmente se pueda considerar a alguien un amigo?
¿Todo esto es bueno? Como todos los días de este estilo, podríamos decir que es simplemente una movida comercial de empresas que ganan con estas ocasiones. Pero suena muy zurdo.
También podríamos decir que sirve para reencontrarse con todos aquellos amigos del alma a los que queríamos volver a ver o saludar. Pero es ilógico, si somos tan amigos no podemos pasar tanto tiempo fuera de contacto. Y si así fuera, no necesitaríamos una excusa tan banal para hablarnos. Además es muy cursi.
Otra visión más simple diría que sirve para juntarse, pasarla bien, charlar con aquellas personas con las que tenemos más afinidad. O con las que el momento nos juntó. O con las que el destino quiso. Quizás, pero es muy atea, muy superficial.
Cada uno elegirá que decir, que pensar, y como actuar. Yo sé que a mis amigos no los pierdo de vista. Los cuento con los dedos de las manos y no estoy triste por eso. Para mi, mis amigos son los que me llaman aún cuando tendrían otra cosa mejor para hacer. Y son en los que yo pienso, cuando busco a alguien con quien charlar, cantar, o simplemente estar. Todo lo mejor no se desea una sola vez al año. Se reivindica cada vez que pensamos el uno en el otro. Ustedes sabrán quienes son. Felices días, feliz semana, feliz año, feliz vida.
¿Todo esto es bueno? Como todos los días de este estilo, podríamos decir que es simplemente una movida comercial de empresas que ganan con estas ocasiones. Pero suena muy zurdo.
También podríamos decir que sirve para reencontrarse con todos aquellos amigos del alma a los que queríamos volver a ver o saludar. Pero es ilógico, si somos tan amigos no podemos pasar tanto tiempo fuera de contacto. Y si así fuera, no necesitaríamos una excusa tan banal para hablarnos. Además es muy cursi.
Otra visión más simple diría que sirve para juntarse, pasarla bien, charlar con aquellas personas con las que tenemos más afinidad. O con las que el momento nos juntó. O con las que el destino quiso. Quizás, pero es muy atea, muy superficial.
Cada uno elegirá que decir, que pensar, y como actuar. Yo sé que a mis amigos no los pierdo de vista. Los cuento con los dedos de las manos y no estoy triste por eso. Para mi, mis amigos son los que me llaman aún cuando tendrían otra cosa mejor para hacer. Y son en los que yo pienso, cuando busco a alguien con quien charlar, cantar, o simplemente estar. Todo lo mejor no se desea una sola vez al año. Se reivindica cada vez que pensamos el uno en el otro. Ustedes sabrán quienes son. Felices días, feliz semana, feliz año, feliz vida.
lunes, 17 de julio de 2006
Qué se necesita?
Los lazos humanos son complejos. Los amores, por ejemplo, afectan de manera diferente a cada persona y en cada situación. Cuando no son correspondidos, duelen. A veces, aunque lo sean, también. Qué es lo que se necesita para recuperar la tranquilidad y la compostura después de un desencuentro emocional con otra persona?
Una amistad muy cercana. Alguien se confunde. Capta señales que no son tales. De repente, la amistad se funde en desconcierto, en incomodidad. ¿Puede volverse después a la normaildad? Si, se puede. Hace falta poder de voluntad. Esa que no se dá por aludida cuando hay que dejar de fumar, cuando hay que hacer dieto, o cuando hay que ponerse a estudiar. Pero en este caso, el dolor ya está presente, y hace que la necesidad de recuperarse nos dé un empujoncito para volver a pista.
Si ambos están dispuestos a pasar capítulos indeseables y dejarlos atrás, no es una tarea imposible. No es una relación perdida para siempre. No es una amistad utópica. Son dos personas. Dos seres humanos. Imperfectos y por ello preciados. Nuestras fallas hacen de nuestra vida un momento largo, intenso y emocionante, digno de ser disfrutado al 100%. A veces solos, a veces acompañados. A veces con amigos, a veces con una pareja. Pero siempre como la única que tenemos.
Una amistad muy cercana. Alguien se confunde. Capta señales que no son tales. De repente, la amistad se funde en desconcierto, en incomodidad. ¿Puede volverse después a la normaildad? Si, se puede. Hace falta poder de voluntad. Esa que no se dá por aludida cuando hay que dejar de fumar, cuando hay que hacer dieto, o cuando hay que ponerse a estudiar. Pero en este caso, el dolor ya está presente, y hace que la necesidad de recuperarse nos dé un empujoncito para volver a pista.
Si ambos están dispuestos a pasar capítulos indeseables y dejarlos atrás, no es una tarea imposible. No es una relación perdida para siempre. No es una amistad utópica. Son dos personas. Dos seres humanos. Imperfectos y por ello preciados. Nuestras fallas hacen de nuestra vida un momento largo, intenso y emocionante, digno de ser disfrutado al 100%. A veces solos, a veces acompañados. A veces con amigos, a veces con una pareja. Pero siempre como la única que tenemos.
martes, 4 de julio de 2006
El reino del revés...
Qué es lo que hace posible que la cultura entera de un país se vea modificada radicalmente? Aunque parezca una respuesta sin sentido, el fútbol ha demostrado una vez más no ser solamente una "pasión de multitudes", sino también un detonador de actitudes inesperadas.
En este último mundial, se han visto dos ejemplos demasiado claros de lo que estoy diciendo. Bien sabido es que la rivalidad entre Brasil y Argentina es histórica y cada día más efervescente. También es conocido por todos que ambos son potencias mundiales en cuanto al deporte se trata. Con esto en mente, ambos seleccionados viajaron a Alemania con el fin de conseguir la Copa del Mundo.
Aquí salta el hecho curioso. Argentina, luego de una notable actuación, queda eliminada por el local en penales, en los cuartos de final. Por la misma instancia, pero ante Francia, los cariocas quedaron también afuera, pero con una presentación casi lastimosa, y perdiendo por una clara diferencia en el campo de juego.
Debido a esto, las reacciones que se desataron son diversas y sorprendentes. El pueblo argentino, marcado por un exitismo histórico y a veces hasta dañino, elogió a su equipo, y hasta lo recibió a la vuelta con festejos, muestras de apoyo tanto a los jugadores como al cuerpo
técnico. Por otro lado, en el país vecino (reconocido en el mundo entero por su alegría constante e inquebrantable) está siendo protagonista de un episodio de reclamos, molestias y desconfianza extremo. Al punto tal que se ha llegado a quemar la estatua que le habían levantado a uno de los referentes del plantel, considerado hoy el mejor jugador del mundo. Ronaldinho fué el primero en caer en las quejas de los hinchas brasileros, seguido de cerca por el DT y varios de los jugadores históricos y más ganadores de la historia del seleccionado nacional.

¿Por qué sucede esto? ¿Qué es lo que produce el fútbol a nivel colectivo, social e individual que no hacen otros deportes o actividades? Podemos decir que estamos, al menos, ante un fenómeno muy poco común, y que es difícil de repetirse. Para encontrar una causa deberíamos reunir a sociólogos, psicólogos, médicos, y hasta políticos. Lo que es seguro es que no tiene solución. La pasión que se mueve alrededor de este deporte, para bien o para mal, está profundamente arraigada en nuestras culturas, y puede convulsionarnos de manera sorprendente e impredecible.
Hay una frase que resume casi cualquier evento fenomenal que produce el balonpié: "Es lo lindo del fútbol". Y si. Es su encanto, quieran o no.
En este último mundial, se han visto dos ejemplos demasiado claros de lo que estoy diciendo. Bien sabido es que la rivalidad entre Brasil y Argentina es histórica y cada día más efervescente. También es conocido por todos que ambos son potencias mundiales en cuanto al deporte se trata. Con esto en mente, ambos seleccionados viajaron a Alemania con el fin de conseguir la Copa del Mundo.
Aquí salta el hecho curioso. Argentina, luego de una notable actuación, queda eliminada por el local en penales, en los cuartos de final. Por la misma instancia, pero ante Francia, los cariocas quedaron también afuera, pero con una presentación casi lastimosa, y perdiendo por una clara diferencia en el campo de juego.
Debido a esto, las reacciones que se desataron son diversas y sorprendentes. El pueblo argentino, marcado por un exitismo histórico y a veces hasta dañino, elogió a su equipo, y hasta lo recibió a la vuelta con festejos, muestras de apoyo tanto a los jugadores como al cuerpo
técnico. Por otro lado, en el país vecino (reconocido en el mundo entero por su alegría constante e inquebrantable) está siendo protagonista de un episodio de reclamos, molestias y desconfianza extremo. Al punto tal que se ha llegado a quemar la estatua que le habían levantado a uno de los referentes del plantel, considerado hoy el mejor jugador del mundo. Ronaldinho fué el primero en caer en las quejas de los hinchas brasileros, seguido de cerca por el DT y varios de los jugadores históricos y más ganadores de la historia del seleccionado nacional.

¿Por qué sucede esto? ¿Qué es lo que produce el fútbol a nivel colectivo, social e individual que no hacen otros deportes o actividades? Podemos decir que estamos, al menos, ante un fenómeno muy poco común, y que es difícil de repetirse. Para encontrar una causa deberíamos reunir a sociólogos, psicólogos, médicos, y hasta políticos. Lo que es seguro es que no tiene solución. La pasión que se mueve alrededor de este deporte, para bien o para mal, está profundamente arraigada en nuestras culturas, y puede convulsionarnos de manera sorprendente e impredecible.
Hay una frase que resume casi cualquier evento fenomenal que produce el balonpié: "Es lo lindo del fútbol". Y si. Es su encanto, quieran o no.
jueves, 22 de junio de 2006
aMor manifieSto y ... desordenado
Voy a jugar a escribir lo que salga.
Como si mi mente fuera mi boca o mis brazos y no tuviera más remedio que desplegar una acción.
Y no importa si es precisa o desordenada, mejor juego improvisando para que te percates, hermosa, de mis fantasmas, que por alguna extraña razón, te atraen.
Ya iremos descubriendo, como si fueramos columnas que sostienen toneladas de cemento, qué es lo que pasa por esta mente sensible y enamorada.
Creo que para eso estamos, pequeño amor,
para compartir esas regiones despobladas y llenas de cualidades
intensas... que se actualizan en el afecto pero que, sin embargo,
están muy lejos de nuestra vista...
...y nos manejan como títeres,
nos revolucionan por dentro y apenas captamos sus roces,
o no captamos nada porque nuestra mente conciente
no quiere o no puede abrazarlas,
...tuercen nuestras miradas sin que nos demos cuenta y nos enamoran a su antojo...
de nada sirve preguntarle a la ciencia y a las pautas sociales lo que has hecho conmigo...
eso tendré que buscarlo en la condensación de mis frases cargadas de un afecto infalible y pesado, donde muchas cosas posan sobre una y así confunden la tranquilidad de mis lagos... tendré que rastrearte en mis precarios tiempos,
esos que nunca se dan la mano con los tiempos de los otros, con los tiempos que se mueven para todos...
Los mios son más lentos y menos procesados, y por algo te requieren en su espacio para convertir las horas intangibles en
tu cuerpo lleno de sentido y de forma concreta
y, de repente, como bienvenida en mis labios,
lleno de un sabor amargo como el café,
exquisito,
tibio,
suave,
con una belleza que entra por mi nariz y por mi boca,
por mis ojos,
por el tacto de mis manos vulnerables,
por la sombría parcela de mis emociones,
belleza que penetra el inconciente y hace que este te busque,
que se burle de la racionalidad de mi yo,
que sueñe incansablemente,
que se manifieste a través de lo que veo y que por fin
decida, gracias a él, seguir cada día leyendo en las páginas silvestres de tu piel,
esa belleza amarilla como las hojas de los libros que pesan...
y cómo pesan!
cómo difunden la sangre! de qué manera, Dios! de qué manera!
Como si mi mente fuera mi boca o mis brazos y no tuviera más remedio que desplegar una acción.
Y no importa si es precisa o desordenada, mejor juego improvisando para que te percates, hermosa, de mis fantasmas, que por alguna extraña razón, te atraen.
Ya iremos descubriendo, como si fueramos columnas que sostienen toneladas de cemento, qué es lo que pasa por esta mente sensible y enamorada.
Creo que para eso estamos, pequeño amor,
para compartir esas regiones despobladas y llenas de cualidades
intensas... que se actualizan en el afecto pero que, sin embargo,
están muy lejos de nuestra vista...
...y nos manejan como títeres,
nos revolucionan por dentro y apenas captamos sus roces,
o no captamos nada porque nuestra mente conciente
no quiere o no puede abrazarlas,
...tuercen nuestras miradas sin que nos demos cuenta y nos enamoran a su antojo...
de nada sirve preguntarle a la ciencia y a las pautas sociales lo que has hecho conmigo...
eso tendré que buscarlo en la condensación de mis frases cargadas de un afecto infalible y pesado, donde muchas cosas posan sobre una y así confunden la tranquilidad de mis lagos... tendré que rastrearte en mis precarios tiempos,
esos que nunca se dan la mano con los tiempos de los otros, con los tiempos que se mueven para todos...
Los mios son más lentos y menos procesados, y por algo te requieren en su espacio para convertir las horas intangibles en
tu cuerpo lleno de sentido y de forma concreta
y, de repente, como bienvenida en mis labios,
lleno de un sabor amargo como el café,
exquisito,
tibio,
suave,
con una belleza que entra por mi nariz y por mi boca,
por mis ojos,
por el tacto de mis manos vulnerables,
por la sombría parcela de mis emociones,
belleza que penetra el inconciente y hace que este te busque,
que se burle de la racionalidad de mi yo,
que sueñe incansablemente,
que se manifieste a través de lo que veo y que por fin
decida, gracias a él, seguir cada día leyendo en las páginas silvestres de tu piel,
esa belleza amarilla como las hojas de los libros que pesan...
y cómo pesan!
cómo difunden la sangre! de qué manera, Dios! de qué manera!
viernes, 16 de junio de 2006
Paseando con la alegría...
Hay una propaganda que reza: "Háganlo por todos los que no llegamos". No estoy de acuerdo.
6 a 0. Terminó el partido. 11 de nuestros representantes salen de la cancha saltando y gritando. Han hecho lo suyo. Ahora comienza lo nuestro, en lo que podemos participar, en lo que somos fundamentales: en demostrar que no están solos.
Gritamos, saltamos y nos abrazamos. Nos emocionamos. Salimos a la calle y nos sumamos a una bandada de pájaros que vuelan en el éxtasis y la alegría de un momento entre todos. Nos unimos, como hermanos, para alzar al cielo el grito de poder, de que sabemos que estamos a la altura de las circunstancias.
La multitud se agranda, a medida que se van uniendo ramificaciones de asfalto, que desembocan unas en otras, y por las cuales cada ser busca un mismo destino: ese punto conocido por todos, en el que el encuentro de pares, el festejo ilusionado y la pasión se funden en todos y en cada uno. Y en nadie, al mismo tiempo.

Bombas, estruendos, gritos, saltos, alegría, hermandad, humanidad por sobre todas las cosas, que nos iguala en esta ocasión como pocas veces, como sólo el fútbol como pasión de multitudes y fenómeno social puede lograr.
Volvemos cada uno a nuestras casas, trabajos, estudios, a nuestras actividades ordinarias. Con la frente en alto, una sonrisa en la cara, y la convicción de que estamos mejor que antes. Una renovación de espíritu se produce por alguna razón en momentos como éste, y no viene nada mal.
Vamos Argentina, allá y acá, a demostrar que gane o pierda, nuestro equipo tiene millones de hinchas que lo abrazan.
6 a 0. Terminó el partido. 11 de nuestros representantes salen de la cancha saltando y gritando. Han hecho lo suyo. Ahora comienza lo nuestro, en lo que podemos participar, en lo que somos fundamentales: en demostrar que no están solos.
Gritamos, saltamos y nos abrazamos. Nos emocionamos. Salimos a la calle y nos sumamos a una bandada de pájaros que vuelan en el éxtasis y la alegría de un momento entre todos. Nos unimos, como hermanos, para alzar al cielo el grito de poder, de que sabemos que estamos a la altura de las circunstancias.
La multitud se agranda, a medida que se van uniendo ramificaciones de asfalto, que desembocan unas en otras, y por las cuales cada ser busca un mismo destino: ese punto conocido por todos, en el que el encuentro de pares, el festejo ilusionado y la pasión se funden en todos y en cada uno. Y en nadie, al mismo tiempo.

Bombas, estruendos, gritos, saltos, alegría, hermandad, humanidad por sobre todas las cosas, que nos iguala en esta ocasión como pocas veces, como sólo el fútbol como pasión de multitudes y fenómeno social puede lograr.
Volvemos cada uno a nuestras casas, trabajos, estudios, a nuestras actividades ordinarias. Con la frente en alto, una sonrisa en la cara, y la convicción de que estamos mejor que antes. Una renovación de espíritu se produce por alguna razón en momentos como éste, y no viene nada mal.
Vamos Argentina, allá y acá, a demostrar que gane o pierda, nuestro equipo tiene millones de hinchas que lo abrazan.
jueves, 15 de junio de 2006
Empleado vs. empleador...
Se ha convertido ya en un clásico. La disputa entre la posición del empleado y el empleador es quizás uno de los mejores conflictos para ejemplificar la problemática que nos afecta en todos los casos de la vida cotidiana en la que el poder se encuentre envuelto. Y dado en que el simbolismo más simple también incluye una cantidad a veces increíble de poderío, estas situaciones son mucho más que frecuentes.
¿Cómo se puede discernir entre dos posiciones, cuando ambas tienen argumentos tan fuertes a favor? Es cierto, depende la lupa con la que se mire el tema, y depende hasta de las orientaciones ideológicas de quien lo mire.
El empleado representa casi a cualquier persona que se encuentre bajo algún tipo de opresión, ya sea económica, social o del tipo que se les ocurra. Es el pueblo, es la rebelión, es la masa. Es la capacidad de trabajo, la fuerza de voluntad y también (y sobre todo por eso) lo más cercano a la mayoría de nosotros, oh, simples mortales.
El empleador representa al poderoso, al que tiene todo y quiere más. Al que impone condiciones, coherentes o no, para desarrollar tareas o métodos de trabajo. Es el que ha llegado más alto, aunque no sea ello una remuneración por su capacidad pura. Es la marca registrada de un capitalismo industrialista que ha causado estragos, sobre todo en el último siglo, en todo el mundo.
Estas generalizaciones son vagas, crudas y a veces completamente injustas. Pero resumen en pocas palabras a un gran porcentaje de las discusiones que se llevan a cabo en cuanto al poder. Cambiando los actores, cambiando alguna situación, o simplemente cambiando los nombres, se puede adaptar este ejemplo a miles de casos del día a día de cada uno de nosotros que, con más o menos suerte, iremos sorteando a medida que Dios, la vida, el destino o en lo que usted quiera creer, quiera.
¿Se entiende?
Dedicado para vos Fer, empleado del alma y analista del mundo por vocación. IDOLO!
¿Cómo se puede discernir entre dos posiciones, cuando ambas tienen argumentos tan fuertes a favor? Es cierto, depende la lupa con la que se mire el tema, y depende hasta de las orientaciones ideológicas de quien lo mire.
El empleado representa casi a cualquier persona que se encuentre bajo algún tipo de opresión, ya sea económica, social o del tipo que se les ocurra. Es el pueblo, es la rebelión, es la masa. Es la capacidad de trabajo, la fuerza de voluntad y también (y sobre todo por eso) lo más cercano a la mayoría de nosotros, oh, simples mortales.
El empleador representa al poderoso, al que tiene todo y quiere más. Al que impone condiciones, coherentes o no, para desarrollar tareas o métodos de trabajo. Es el que ha llegado más alto, aunque no sea ello una remuneración por su capacidad pura. Es la marca registrada de un capitalismo industrialista que ha causado estragos, sobre todo en el último siglo, en todo el mundo.
Estas generalizaciones son vagas, crudas y a veces completamente injustas. Pero resumen en pocas palabras a un gran porcentaje de las discusiones que se llevan a cabo en cuanto al poder. Cambiando los actores, cambiando alguna situación, o simplemente cambiando los nombres, se puede adaptar este ejemplo a miles de casos del día a día de cada uno de nosotros que, con más o menos suerte, iremos sorteando a medida que Dios, la vida, el destino o en lo que usted quiera creer, quiera.
¿Se entiende?
Dedicado para vos Fer, empleado del alma y analista del mundo por vocación. IDOLO!
El nuevo Truman Show!
¿Se acuerdan de la película protagonizada por Jim Carrey en la que toda su vida transcurría en un set de filmación? Bueno, en un punto no tan extremo, esta idea se hará realidad. ¿Cómo? Un científico perteneciente al MIT (en castellano sería algo así como Instituto Tecnológico de Massachusetts) decidió grabar los tres primeros años de vida de su hijo. Qué opina el pibe? “Agugú-da-da“.
El motivo de este experimento en la vida real se debe a que están interesados en estudiar las influencias del entorno, el ambiente, los familiares, el perro, y el oso de peluche del nene en el desarrollo de su habla.
Para llevar a cabo esta ideota, nuestro amigo sacudió la varita mágica del presupuesto del instituto, y se cansó de poner cámaras y micrófonos por toda la casa. De esta forma, el nene (y quien esté en la casa) estará vigilado, de 8 de la mañana a 22. ¿Gran Hermano? Un poroto al lado de estos pibes.

(Foto: Deb Roy MIT)
Eso sí: si decís algo indebido, se te escapa una emanación no-agradable, o cualquier situación que quieras evitar quede garaba en la gigantesca memoria de la base de datos que se utilizará, existe el botón “Oops“. Con esto, se borran los últimos segundos de grabación, pero no podrás evitar que si alguien estuvo mirando justo en ese momento se ría un buen rato.
Y para el que planee quejarse porque no le gusta que se viole de esta manera la privacidad del infante, ya es tarde. El nene nació hace casi un año ya, y el experimento va viento en popa.
El Mundo, dirario español, publicó:
La realidad puede superar a la ficción tranquilamente, y acá tenemos otro ejemplo más de este postulado.
El motivo de este experimento en la vida real se debe a que están interesados en estudiar las influencias del entorno, el ambiente, los familiares, el perro, y el oso de peluche del nene en el desarrollo de su habla.
Para llevar a cabo esta ideota, nuestro amigo sacudió la varita mágica del presupuesto del instituto, y se cansó de poner cámaras y micrófonos por toda la casa. De esta forma, el nene (y quien esté en la casa) estará vigilado, de 8 de la mañana a 22. ¿Gran Hermano? Un poroto al lado de estos pibes.
(Foto: Deb Roy MIT)
Eso sí: si decís algo indebido, se te escapa una emanación no-agradable, o cualquier situación que quieras evitar quede garaba en la gigantesca memoria de la base de datos que se utilizará, existe el botón “Oops“. Con esto, se borran los últimos segundos de grabación, pero no podrás evitar que si alguien estuvo mirando justo en ese momento se ría un buen rato.
Y para el que planee quejarse porque no le gusta que se viole de esta manera la privacidad del infante, ya es tarde. El nene nació hace casi un año ya, y el experimento va viento en popa.
El Mundo, dirario español, publicó:
"Cerca de 400.000 horas de material grabado serán más que suficientes. Tras ello,
el equipo de Roy pretende desarrollar un modelo computacional que describa el modo en el que un bebé asimiló el lenguaje hasta hacerlo propio."
La realidad puede superar a la ficción tranquilamente, y acá tenemos otro ejemplo más de este postulado.
Una clase de sentido común...
Es el día del partido. Todos los televisores muestra verde césped, tribunas completas, y mucha expectativa ronda en el aire. Ariel, pasa corriendo a centímetros de la puerta de la directora, huyendo hacia la ansiada libertad de poder ver a la Selección mayor. Es que en su escuela, como en muchos recintos educativos de todo el país, no se permite ver el partido de Argentina en horario de clases.
¿Qué es lo grave? Que Ariel es el primero de una larga fila de chicos, miles de chicos, que pasan corriendo por aulas, puertas, pasillos y patios para poder ser parte de lo que para los argentinos es más que un evento deportivo. Es algo social, es algo personal, es algo que se lleva adentro y que no se puede eludir.
¿Quiénes se favorecen con la decisión de no transmitir en vivo y en directo los partidos de la Selección en el Mundial de Alemania? Los alumnos no, porque ni prestan atención a la clase que se les está dando, mas preocupados por lo que pasa al otro lado del mundo. Los profesores tampoco, pierden su tiempo dando una clase muy probablemente sin sentido, y nadie dice que no estén tampoco pensando en la pelota que rueda en otro lugar. Si los chicos que asisten a clases no tienen una conclusión postiva de esta medida, ya pierde todo sentido, dado el hecho que lo más importante del sistema educativo es a quienes se educa.
¿Está bien parar clases de Matemática, Geografía, Biología, Historia o Química por un simple partido de fútbol? Habrá que decidir si ese juego, en nuestra sociedad, es o no lo suficientemente importante como para justificar la medida. Para algunos si, para algunos no. ¿Para mí? Se pueden alargar los horarios escolares, y recuperar clases. Pero la experiencia de sentir un mundial, no.
¿Qué es lo grave? Que Ariel es el primero de una larga fila de chicos, miles de chicos, que pasan corriendo por aulas, puertas, pasillos y patios para poder ser parte de lo que para los argentinos es más que un evento deportivo. Es algo social, es algo personal, es algo que se lleva adentro y que no se puede eludir.
¿Quiénes se favorecen con la decisión de no transmitir en vivo y en directo los partidos de la Selección en el Mundial de Alemania? Los alumnos no, porque ni prestan atención a la clase que se les está dando, mas preocupados por lo que pasa al otro lado del mundo. Los profesores tampoco, pierden su tiempo dando una clase muy probablemente sin sentido, y nadie dice que no estén tampoco pensando en la pelota que rueda en otro lugar. Si los chicos que asisten a clases no tienen una conclusión postiva de esta medida, ya pierde todo sentido, dado el hecho que lo más importante del sistema educativo es a quienes se educa.
¿Está bien parar clases de Matemática, Geografía, Biología, Historia o Química por un simple partido de fútbol? Habrá que decidir si ese juego, en nuestra sociedad, es o no lo suficientemente importante como para justificar la medida. Para algunos si, para algunos no. ¿Para mí? Se pueden alargar los horarios escolares, y recuperar clases. Pero la experiencia de sentir un mundial, no.
Sentidos sin sentido...
Hace mucho que intento descubrir en lo más profundo de mi ser algún vestigio de personalidad que me permita definir más claramente lo que pienso. Igualmente, cada vez que llego a un puerto mínimamente convincente, descubro algo que me voltea las convicciones con la rapidez de un chasquido de dedos. Entonces, una y otra vez, coincido conmigo mismo en que planteos tan profundos y complejos sobre mí mismo, son inútiles y vanos si se basan en algo tan cambiante e impredecible, y justamente por eso fascinante, como el ser humano.
¿Quién soy? ¿Qué siento?
Para descubrir las claves de mi espíritu, primero tendría que definirlo. Darle un concepto tangible y lo suficientemente concreto como para que pueda ser apreciable por, al menos, otra persona. Y ahí es donde viene la gran pregunta: ¿Quiero definirme?
Ni yo estoy seguro de querer atenerme a una simple definición de diccionario, aunque sea elaborada por mí mismo, que me pinte de cuerpo y mente, y no me deje salir de un mero encasillamiento. Y ahí, creo, es donde radica la fuente de tantas preguntas sin respuesta que pueden llegar a complicarnos la vida, si es que las confeccionamos de manera viciosa, vaga y redundante, y sin la debida conciencia de que demasiado razonamiento a veces no es razonablemente sano.
Alguien me dijo que preguntándonos cosas profundas podemos llegar a encontrar un significado en otra persona, y dejo a mi libre entendimiento que lo que dijo tiene algo que ver con captar que parte de nuestra vida ocupa. Quizás las personas que conocemos ya ocupan un lugar en nuestras vidas sin que nosotros tengamos que definirlo. Quizás lo que hacemos al poner en cuestionamiento estos interrogantes es mover los cimientos de lo que podría ser una relación sana desde el primer momento. Quiero llegar a que quizás las preguntas demasiado profundas no tengan una respuesta satisfactoria si es que esperamos tanto de ellas.
El mundo no es simple, pero tampoco es tan complicado como muchas veces nosotros mismos queremos ver. La vida está llena de excepciones a la regla, casos especiales e irregulariades. Nosotros, por lo que más quieras, somos irregularidades. Si fuésemos muñecos en serie, lo bello de vivir se perdería. Admitir que soy diferente es lo que me hace especial, es lo que me hace ocupar un lugar definido en la vida del que me conoce. Y si dentro de mi diferencia, soy igual a alguien más, es porque algo tenemos que nos hace distintos.
Y las contradicciones también son parte de mí, tengo que admitirlo. Predico contra la filosofía barata, vacía y sin sentido. Y sin embargo, acabo de ocupar 6 párrafos de ideas vagas, simples teorías basadas en nada más ni nada menos que mis propias ideas. Saquen sus propias conclusiones. Y no tengan miedo de pensar distinto, es hermoso.
¿Quién soy? ¿Qué siento?
Para descubrir las claves de mi espíritu, primero tendría que definirlo. Darle un concepto tangible y lo suficientemente concreto como para que pueda ser apreciable por, al menos, otra persona. Y ahí es donde viene la gran pregunta: ¿Quiero definirme?
Ni yo estoy seguro de querer atenerme a una simple definición de diccionario, aunque sea elaborada por mí mismo, que me pinte de cuerpo y mente, y no me deje salir de un mero encasillamiento. Y ahí, creo, es donde radica la fuente de tantas preguntas sin respuesta que pueden llegar a complicarnos la vida, si es que las confeccionamos de manera viciosa, vaga y redundante, y sin la debida conciencia de que demasiado razonamiento a veces no es razonablemente sano.
Alguien me dijo que preguntándonos cosas profundas podemos llegar a encontrar un significado en otra persona, y dejo a mi libre entendimiento que lo que dijo tiene algo que ver con captar que parte de nuestra vida ocupa. Quizás las personas que conocemos ya ocupan un lugar en nuestras vidas sin que nosotros tengamos que definirlo. Quizás lo que hacemos al poner en cuestionamiento estos interrogantes es mover los cimientos de lo que podría ser una relación sana desde el primer momento. Quiero llegar a que quizás las preguntas demasiado profundas no tengan una respuesta satisfactoria si es que esperamos tanto de ellas.
El mundo no es simple, pero tampoco es tan complicado como muchas veces nosotros mismos queremos ver. La vida está llena de excepciones a la regla, casos especiales e irregulariades. Nosotros, por lo que más quieras, somos irregularidades. Si fuésemos muñecos en serie, lo bello de vivir se perdería. Admitir que soy diferente es lo que me hace especial, es lo que me hace ocupar un lugar definido en la vida del que me conoce. Y si dentro de mi diferencia, soy igual a alguien más, es porque algo tenemos que nos hace distintos.
Y las contradicciones también son parte de mí, tengo que admitirlo. Predico contra la filosofía barata, vacía y sin sentido. Y sin embargo, acabo de ocupar 6 párrafos de ideas vagas, simples teorías basadas en nada más ni nada menos que mis propias ideas. Saquen sus propias conclusiones. Y no tengan miedo de pensar distinto, es hermoso.
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