Me dejo llevar una vez por el impulso de dejar que las imágenes digan más que las palabras. En este pequeño refugio de delirios que nunca terminan diciendo nada, hago una pausa y tomo un respiro.
Mezcla de cansancio con tranquilidad, es una fotografía que costó mucho, por demasiadas razones. Una de ellas es que me costó no soltar el volante. Por suerte, sigo contando el cuento. Pero otro día.
Salud.
