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lunes, 8 de septiembre de 2008

De virtudes y defectos...

Que el plato más sabroso es el que no se prueba, que el pasto siempre es más verde en el jardín de al lado, que la familia de los amigos siempre es perfecta al lado de la nuestra. Siempre los dichos hacen referencia a que tendemos a tirar abajo lo nuestro. Y yo no quiero estar de acuerdo...

...o no del todo, por lo menos. Para bien o para mal, saber tanto de nosotros mismos y ser la opinión autorizada en cualquier tema que nos incumba hace que la mayoría de las veces no sólo dejemos la objetividad (utópica) de lado, sino que directamente nos encerramos en una visión puramente parcial de las cosas que pocas veces es saludable.

No sé si siempre, pero es muy notable como la habilidad de realzar nuestras caracterísiticas es algo nato en todo ser humano. Insisto, caracterísiticas: virtudes y defectos.

Una persona seminormal no anda por la vida presumiendo de lo poco o mucho que tiene por ventaja, pero sabe que lo tiene. Y hasta cierto punto, se maneja por el filo de un cinismo entre admitir sus bondades y renegar de ellas para tomar algo de humildad necesaria. Por ahí es en ese lugar en donde es más fácil demostrar seguridad sobre los defectos propios y sobre como ellos afectan a nuestra vida cotidiana.

Por ahí lo que hace falta no es fijarse tanto en el tamaño de nuestras virtudes o en la gravedad de nuestras desventajas, sino simplemente mirar de adentro para afuera por un rato, por lo menos.

sábado, 2 de agosto de 2008

El silencio de los imbéciles...

Hay una ley en el mundo. Bah, no descubro nada, hay centenares de miles de leyes en el mundo. Pero hay una que rige para la vida del selecto grupo de imbéciles del cual me precio de ser, y que dice mas o menos así...

Es preferible un misterioso silencio antes que hablar y demostrar que eres un completo imbécil.


Vamos por partes.

No me refiero a imbéciles como un término despectivo puro, un insulto. Voy a aquellos seres que tenemos la suerte y desgracia de existir al mismo tiempo, a esos que pensamos porque es gratis, y hablamos porque nadie nos detiene. Que decimos lo que creemos, pero solo porque sabemos que a nadie le afecta que lo hagamos.

Tampoco voy a un silencio literal. Si no emitimos una sola palabra en días es más probable que nos crean enfermos antes que inteligentes o inclusive estúpidos.

No es un descargo hacia nada, aclaro. Me llamó la atención la cantidad de tiempo que estuve sin escribir, y me di cuenta que a veces no decir nada es mejor que forzarse a expresar un error. Y con lo que cuesta a veces remediar los fallos, es mejor evitarlos cada vez que se pueda.

La vida está llena de silencios. No porque todo el tiempo evitemos demostrar que somos unos imbéciles porque, tarde o temprano, todos se dan cuenta. Simplemente porque a veces el no decir nada implica esa conexión y esa transmisión que no se podría dar de otra forma. Y ahí es donde no sólo nos evitamos el papel de estúpidos, sino que además de hecho brindamos algo valioso.

No defiendo a los imbéciles, somos lo que somos. No defiendo a los que callan con tal de no otorgar (si, en ese sentido). No me pongo del lado de los que usan la palabra como escudo del mundo. No justifico a los que esconden detrás de un discurso un vacío eleMental.

No defiendo a nadie. Mejor, me llamo a silencio.
NOTA: Pame, vos no necesitás ninguna palabra mía para tu camino, sino todo lo contrario! Gracias por el comentario, igual que agradezco a todos los que pasan un rato a delirar por acá. El corte no fue por nada específicamente bueno ni malo, sino lo que se llama semana de vacaciones sufriendo a los viejos, y encima con finales en el medio. Saludos!

martes, 13 de mayo de 2008

Plagio a mi mismo...

Tranquilos, no es que quiera parecerme a Bucay. En realidad lo que pasa es que leyendo un posteo en otro blog, sobre lo cambiante que son las personas (en ese caso era sobre las mujeres, pero nadie se salva de ser diferente todos los días al menos en algo) me salió la idea de todo lo que cambié yo en estos últimos tiempos. Y aunque creí que podría decir que soy alguien completamente diferente al que llegó a Córdoba en el 2005, leí el primer post de este blog, de hace casi dos años, y me llamó la atención lo igualito que es a lo que podría delirar hoy mismo.

¿La verdad? Me esguincé el tobillo, y el reposo hace que tenga un par de semanas con mucho tiempo libre, que lo gasto en cualquier cosa que implique evitar los libros para los finales de la semana que viene.

En fin, decía algo así...

Hace mucho que intento descubrir en lo más profundo de mi ser algún vestigio de personalidad que me permita definir más claramente lo que pienso. Igualmente, cada vez que llego a un puerto mínimamente convincente, descubro algo que me voltea las convicciones con la rapidez de un chasquido de dedos. Entonces, una y otra vez, coincido conmigo mismo en que planteos tan profundos y complejos sobre mí mismo, son inútiles y vanos si se basan en algo tan cambiante e impredecible, y justamente por eso fascinante, como el ser humano.

Para descubrir las claves de mi espíritu, primero tendría que definirlo. Darle un concepto tangible y lo suficientemente concreto como para que pueda ser apreciable por, al menos, otra persona. Y ahí es donde viene la gran pregunta: ¿Quiero definirme?

Ni yo estoy seguro de querer atenerme a una simple definición de diccionario, aunque sea elaborada por mí mismo, que me pinte de cuerpo y mente, y no me deje salir de un mero encasillamiento. Y ahí, creo, es donde radica la fuente de tantas preguntas sin respuesta que pueden llegar a complicarnos la vida, si es que las confeccionamos de manera viciosa, vaga y redundante, y sin la debida conciencia de que demasiado razonamiento a veces no es razonablemente sano.

Alguien me dijo que preguntándonos cosas profundas podemos llegar a encontrar un significado en otra persona, y dejo a mi libre entendimiento que lo que dijo tiene algo que ver con captar que parte de nuestra vida ocupa. Quizás las personas que conocemos ya ocupan un lugar en nuestras vidas sin que nosotros tengamos que definirlo. Quizás lo que hacemos al poner en cuestionamiento estos interrogantes es mover los cimientos de lo que podría ser una relación sana desde el primer momento. Quiero llegar a que quizás las preguntas demasiado profundas no tengan una respuesta satisfactoria si es que esperamos tanto de ellas.

El mundo no es simple, pero tampoco es tan complicado como muchas veces nosotros mismos queremos ver. La vida está llena de excepciones a la regla, casos especiales e irregulariades. Nosotros, por lo que más quieras, somos irregularidades. Si fuésemos muñecos en serie, lo bello de vivir se perdería. Admitir que soy diferente es lo que me hace especial, es lo que me hace ocupar un lugar definido en la vida del que me conoce. Y si dentro de mi diferencia, soy igual a alguien más, es porque algo tenemos que nos hace distintos.

Y las contradicciones también son parte de mí, tengo que admitirlo. Predico contra la filosofía barata, vacía y sin sentido. Y sin embargo, acabo de ocupar 6 párrafos de ideas vagas, simples teorías basadas en nada más ni nada menos que mis propias ideas. Saquen sus propias conclusiones. Y no tengan miedo de pensar distinto, es hermoso.

miércoles, 6 de junio de 2007

Seguir adelante...

El tiempo no para, y el reloj no para de girar. Hubo un tiempo en el que miraba como los segundos, minutos y horas me dejaban en las manos poco menos que nada. Y esa sensación es desesperante, ya sea por culpa propia o no.

Para tomar conciencia de que el mundo sigue su camino a pesar de que uno se encuentre detenido en su propia realidad, hace falta una sacudida importante. Que por lo menos signifique un cambio de rumbo aunque sea en un mínimo aspecto de la vida.

Ahora, entrando al final de la primera mitad del año, estoy sentado en los primeros días de un Junio que puede ser decisivo para la continuidad de mi vida. Mayo ya se cerró, y ahí quedaron enviones anímicos grandes que me empujan hacia adelante. Hoy no me lamento por no poder volver atrás, sólo me pregunto con que armas cuento para avanzar este camino.

Esperemos que los próximos momentos que me depara el destino sean de los que busco y espero, de los que he trabajado (a veces duro y a veces no tanto) para conseguir. Si no se da lo esperado, habrá que fabricar nuevas herramientas para abrirme paso en lo que se viene, y repensar algunos conceptos, mientras se mantienen intactos los que creo que me ueden llevar por buen sendero. Veremos.

sábado, 17 de febrero de 2007

Domando a la inquieta razón...

Con frecuencia despierta en el grupo de amigos la ya trillada discusión sobre la religión. El origen de la vida, la existencia de Dios, la vida después de la muerte. Es innegable que constituye una temática de argumentos inacabables y que es literalmente imposible llegar a una conclusión completamente definitiva, y menos en un grupo en el que las experiencias de vida, las situaciones sociales, económicas y familiares, hacen de cada persona un mundo. Sin embargo, siempre resulta enriquecedor conocer posturas diferentes que ayuden a reconsiderar aspectos de nuestra propia vida.

Dicho todo esto, también me parece necesario destacar que es utópico imaginar que la postura personal sobre un tema de esta índole no se modifique con el correr del tiempo. Por esa misma razón, asiento en esta nota algunas ideas, con el fin de verlas más adelante en mi vida, y buscar en mi alguna evolución, revolución o incluso involución.

Comenzando a buscar componentes que integren el concepto general de toda la discusión, la Iglesia es quizás el más destacado y el que más análisis humano permite, ya que es, justamente, la representación terrenal de todo lo que significa, en este caso, la religión Católica, Apostólica y Romana. Desde una postura completamente personal y quizás (lo admito) algo extremista, adhiero a que se puede encontrar en dicha institución al negocio más cruel y próspero de la historia de la humanidad. También puede ser demasiado, pero quizás al día de hoy ya no queden (excepto contadas excepciones) representaciones de la Iglesia como institución mundial que busquen algo más allá de la propia remuneración por la redención supuesta de una humanidad cada vez más desorientada.

Por otra parte, el adoctrinamiento producido por esta y (desde hace un tiempo a esta parte) una centena de nuevas seudo-religiones, se asemejan más a la alienación mencionada por Marx en sus tratados sociológicos que a una ayuda meramente espiritual o una búsqueda de la fe. Pero esto me lleva a contemplar otra idea, la del nivel de utilidad de estos procesos sociales que vemos a diario en congregaciones religiosas. Dentro de la psicología de cada persona, podemos encontrar diversas maneras de llegar al mismo puerto, como la tranquilidad interior, o la capacidad de reflexión objetiva. Desde ese eje, si podemos tener en cuenta que para algunos, la forma de realizarse mental o espiritualmente sea mediante la búsqueda de algo más allá de lo tangible o “real”, en un sentido estrictamente físico de la palabra.

Desde ese punto de vista, la religión en si misma puede constituir (en una visión completamente incrédula y extremadamente material) un simple proceso social y psicológico que se torna completamente necesario para el ser humano, ya sea por su existencia o abstinencia, para encontrar un significado a nuestra presencia en el mundo, un complejo que el hombre arrastra desde que desarrolló la capacidad de razonar. Así, una persona se puede definir a sí misma por su creencia en la existencia de uno o varios seres superiores, o bien por la ausencia de ellos. Pero siempre apuntando a un objetivo: caracterizarnos internamente para poder presentarnos de una manera ante el grupo social al que pertenecemos, definidos en una posición u otra.

Sin contar al aspecto social, también se puede tomar como una necesidad propia del ser humano para satisfacer esa sed natural de explicar lo desconocido, de encontrar la razón a lo misterioso. En ese aspecto, la religión no difiere demasiado de la ciencia, aunque busquen respuestas diferentes a los mismos interrogantes y de manera distinta.

Como terapia personal para simplemente buscar la paz interior, el culto religioso también cuenta. Lo que una persona puede lograr con música, con distracciones lúdicas, con aficiones literarias, otros lo logran con el diálogo hacia una divinidad determinada, algo muy común en sociedades rurales o primitivas, sobre todo.

Cuando la capacidad de razonamiento y expansión escrita me lo permita, seguiré con el divague. Hasta otra...

viernes, 20 de octubre de 2006

Cuando fué la última vez...

Qué es lo que hace que el cerebro se llene de ideas que necesitan ser volcadas a un papel (o su correspondiente cibernético) cada cierto período de tiempo? Y qué es lo que hace que algunas veces se necesite con más urgencia que otras descargar una bocanada de contaminación neuronal para respirar aire fresco en lo profundo de nuestra mente?

El trabajo que ata a los circuitos del hombre a una rutina, desgasta lentamente la capacidad de invención y originalidad literaria del cerebro. Eso está comprobado, por mi. No se puede trabajar y ser un pensador coherente y dedicado, ya que estamos con otra cosa en la cabeza, aún en nuestro tiempo libre.

Las obligaciones académicas. La facultad, la escuela, el instituto. Ese atiborramiento convulsionado de datos que paraliza a la materia gris para solamente producir un resultado mediocre de alienación humana, también atenta contra las facultades creativas y la imaginación misma del ser humano.

Ambas son actividades necesarias para la subsistencia, el aprendizaje y el trabajo. Muchas veces, no son ejercidas de una manera totalmente productiva, correcta o hasta saludable, pero ese ya es otro tema. Por hoy, he puesto mi cable a tierra el suficiente tiempo como para recargar algo de energía nerviosa. Ahora, a descansar.

jueves, 24 de agosto de 2006

Escala de valores...

Para algunos, un amigo es el que está en las buenas y en las malas. Para otros, el que siempre acepta salir a tomar algo o divertirse. Hay quienes creen que es quien escucha cuando necesitamos a alguien que lo haga. También algunos que creen que a pesar que una varias características importantes, el tiempo también influye.

Me uno a ese último grupo. Un amigo no es una persona simpática, o que nos comprende, o que es nuestro cómplice, o que no nos dice lo que sabemos que nos va a ofender. Quizás es un poco de cada cosa, o allgo si y algo no. En mi opinión, el tiempo que llevamos conociéndonos influye mucho también en mis amistades.

Conocidos hay muchos, compañeros también. Amigos son pocos. Muy pocos. Y prefiero tener amigos que se cuentan con los dedos de una mano, pero saber que a la otra la pongo en el fuego por ellos. Por más que alguien reúna todas las características para ser un excelente amigo o amiga, cuesta dejarlo entrar, ya que no es fácil conseguir buenas amistades. Por eso para mí, personalmente, saber definir quienes son amigos, quienes más y quienes menos, es muy importante.

Es quien ha pasado horas conmigo, pero que ha sabido decirme la verdad cuand tenía que oírla, que es sincero en el momento indicado. El cómplice en lo bueno, el sincero en lo malo. El que tiene gustos diferentes, e igual puede pasar ratos larguísimos conmigo hablando de lo que sea. Y viceversa. Son muchos factores, que hacen que una persona deje de ser cualquiera y pase a ser alguien importante en la vida que tengo.

Sobre este tema se han escrito miles de hojas, cientos de libros, millones de cadenbas de emails, sobre todo. Nadie tiene la verdad absoluta, y cada uno sabrá como valorar a sus allegados. Yo sé que amigos tengo, y doy lo que sea por ellos.

miércoles, 23 de agosto de 2006

Teoría psicológicamente retorcida...

La psicología es una disciplina que se basa en estudiar la complejidad de la mente humana para tratar de comprenderla y de esa manera elaborar definiciones para sus características, cualidades y patologías más comunes. Hasta ahí, todo bien. Ahora... sirve?

No me refiero al estudio abstracto de la mente humana, ni tampoco al estudio médico y verdaderamente científico (como la psiquiatría, por ejemplo). Voy al hecho de que un profesional licenciado en el tema posea herramientas para, en efecto, mejorar la salud mental de un potencial paciente.

Mi creencia personal, es que nada diferencia a un psicólogo con todos los diplomas de una persona normal, para la mayoría de los casos. Como máximo, el primero tendrá conocimiento profundo de técnicas tranquilizadoras, de medicamentos, de detalles que no hacen a una mejoría concreta de una persona. A la hora de pagar una sesión para que alguien escuche mis problemas, los analice más objetivamente y me ayude a encontrar una solución potable, le pago una cerveza a un amigo. Invito a una amiga a tomar mate y charlar. Me siento a tocar la guitarra y meditar un poco junto a alguien de confianza.

Estos son postulados personales, pensamientos propios que simplemente reflejan una posición frente al tema. No tengo nada en contra de los psicólogos como personas, son simplemente seres que han elegido para su ocupación laboral, una disciplina con la que no concuerdo.

viernes, 11 de agosto de 2006

Rompiendo sueños...

Darse cuenta que lo que uno pensaba, no es así. La decepción debe ser de las sensaciones más crueles y dolorosas que existen, pero también las más evitables. Aunque no parezca. Porque los principales culpables de esperar demasiado de algo o alguien somos nosotros.

A veces, es muy fuerte. Las ilusiones que nos genera alguna situación o persona determinada hace que en nuestro pequeño motor razonador se generen miles de pensamientos que nos hacen creer que estamos ante algo espectacular. Nos sentimos notablemente eufóricos a veces, o por lo menos más felices o complacidos, otras tantas.

Luego, algo nos hace ver la realidad. Nos hace ver las desventajas de ese algo que nos inspira, o (irónicamente) el lado humano (y por ello imperfecto, aunque no menos hermoso, aunque no lo notemos) de esa persona. Y ahí es donde viene la presión en el pecho, la desazón, el malestar general. A veces nos sentimos tristes, a veces irritados. Pero siempre tiene algún efecto en nosotros.

Cabe preguntarse entonces... ¿es posible evitar tanto mal? No. Al menos me parece que no. Somos humanos. Somos impredecibles. No somos exactos. Todo y todos nos afectan de manera diferente. Las relaciones interpersonales son lo más complicado del mundo, y por eso tratar de resumir un sentimiento y sus características principales en un par de párrafos roza lo estúpido. ¿Por qué lo hago yo, entonces? Porque mi tarea es delirar, caminando en una línea muy fina que bordea lo lógico con lo pasional. Lo tangible con lo abstracto. Lo que sea.

lunes, 17 de julio de 2006

Qué se necesita?

Los lazos humanos son complejos. Los amores, por ejemplo, afectan de manera diferente a cada persona y en cada situación. Cuando no son correspondidos, duelen. A veces, aunque lo sean, también. Qué es lo que se necesita para recuperar la tranquilidad y la compostura después de un desencuentro emocional con otra persona?

Una amistad muy cercana. Alguien se confunde. Capta señales que no son tales. De repente, la amistad se funde en desconcierto, en incomodidad. ¿Puede volverse después a la normaildad? Si, se puede. Hace falta poder de voluntad. Esa que no se dá por aludida cuando hay que dejar de fumar, cuando hay que hacer dieto, o cuando hay que ponerse a estudiar. Pero en este caso, el dolor ya está presente, y hace que la necesidad de recuperarse nos dé un empujoncito para volver a pista.

Si ambos están dispuestos a pasar capítulos indeseables y dejarlos atrás, no es una tarea imposible. No es una relación perdida para siempre. No es una amistad utópica. Son dos personas. Dos seres humanos. Imperfectos y por ello preciados. Nuestras fallas hacen de nuestra vida un momento largo, intenso y emocionante, digno de ser disfrutado al 100%. A veces solos, a veces acompañados. A veces con amigos, a veces con una pareja. Pero siempre como la única que tenemos.